La oruga impaciente

La oruga impaciente

Ross Burach: La oruga impaciente. Madrid: Lata de Sal, 2019

La editorial Lata de Sal tiene tres colecciones en su catálogo: Colección Gatos (sobran explicaciones), Colección Vintage (rescates editoriales de joyas de más de 30 años) y Colección Afortunada. La obra que reseñamos hoy forma parte de esta última, que en la web definen como «Libros ilustrados de ficción y no ficción que te descubrirán lo que un libro álbum puede llegar a hacerte sentir». Vamos a ver qué nos ofrecen.

El título en castellano (y también en el original en inglés, The Very Impatient Caterpillar) juega con la referencia a la mítica obra de Eric Carle que inunda tantas y tantas estanterías y bibliotecas infantiles. En este caso, también nos encontramos con una oruga que se enfrenta a su metamorfosis, pero el enfoque es algo distinto. Esta vez no es una oruga hambrienta que engulle todo lo que encuentra, sino que hay otro rasgo que la caracteriza mejor: la impaciencia. Se encuentra al inicio del libro con que sus amigas se dirigen tranquilamente a prepararse para la metamorfosis y ella, que cree saberlo todo pero evidentemente no tiene ni idea, va siguiéndolas para informarse de todo el proceso. Trata de imitarlas, preguntando a cada poco lo que hay que hacer, pero su ansiedad por acabar cuanto antes pondría de los nervios al más tranquilo de los mortales.

El libro nos va contando a través de las respuestas de una estoica amiga cómo se convierten las orugas en mariposas y, lo más importante, que la transformación dura en torno a dos semanas. ¡¿Dos semanas?! Dios mío, nuestra protagonista no se ve capaz de esperar tantísimo tiempo. Hay que estar metida en una crisálida casi quince días, sin hacer nada, sin pedir pizza, sin jugar con nadie… Varias dobles páginas nos muestran la agonía de la oruga, tratando de convencerse a sí misma de que puede esperar todo ese tiempo, recurriendo a manuales de autoayuda y con un tremendo drama por delante. El humor es el componente estrella de esta obra, donde el autor busca la carcajada del lector infantil, con guiños también al mediador adulto. Las ilustraciones a todo color, con tonos saturados, acompañan perfectamente a crear un clima de impaciencia y estridencia que acompañan a la protagonista hasta lograr su objetivo, aunque sea a duras penas. Finalmente es una mariposa, lo ha logrado. Ya puede respirar tranquila y relajarse. 

O no… Porque resulta que ahora llega el momento de migrar. Vuelven a surgir un millar de preguntas en boca de la oruga, empezando por un acuciante «¡¿Ya llegamos?!».